viernes, 30 de noviembre de 2012

Requisitos para conquistar a una mujer

#3. Hacerlas reir: En un mundo donde para sobrevivir ya no es necesaria la fuerza bruta, uno de los elementos que identifican a un macho alfa es la capacidad para hacer reír. Es decir, en el mundo moderno no hay que salir de la cueva a matar bisontes para alimentar a la tribu. En la actualidad son la astucia, el ingenio y la inteligencia los factores que inciden decisivamente en las expectativas de supervivencia de una familia y sus crías. Y el sentido de humor es la muestra más sutil y avanzada de inteligencia y, por lo tanto, de una genética superior. De manera subconsciente, las mujeres comprenden que si puedes hacerlas reír podrás tirar adelante la economía familiar.

Extraído de la novela "Todas las chicas besan con los ojos cerrados"

lunes, 17 de septiembre de 2012

Adieu.

Me voy. Por fin. A París. Sí, el momento que he estado esperando ya ha llegado. Todo llega, ¿no? Lo he deseado tanto, tanto tiempo, que ahora que lo tengo aquí ya no lo creo. No creo que vaya a ser verdad, me da como una sensación de vértigo en el estomago, como los segundos antes de caer en una montaña rusa. Miro mi billete de ida, solo de ida, y temo que sea un espejismo. Por fin voy a ser una parisina. Pero, ¿qué digo? Siempre lo he sido, en mi corazón sí. Todo este tiempo realmente me he sentido desterrada de mi verdadero lugar.
Os echaré a todos de menos, es la parte mas dura de mi ida. Amo a mis amigos, a mi familia y a mi país, pero he de cumplir con mi destino. He de volver y recuperar ese trozo de mí que se quedó allí cuando fui, con 9 años. Sí, lo sé, fue un amor precoz y a primera vista. Hemingway escribió una vez: “Si vas a París de joven, París te acompañará el resto de tu vida”. Es cierto.

He releído esta carta y me he emocionado a mi misma. Quizás parezca un poco moñas, un tanto barroca o recargada, pero es así como me siento cuando pienso en ello, un torrente de joie, bonheur y amour que no puedo controlar. Cuando penséis en mi, imaginadme paseando por las calles envuelta en un abrigo largo, con el sonido del acordeón de fondo y conversando de la mano con un francés guapo; o entrando a la panadería y pidiendo una baguette; o abriendo mis ventanas una fría mañana y admirando las vistas de la ciudad.

He de terminar esta carta. Os escribiré, las puertas de mi casa estarán abiertas para todo el que venga a visitarme. Os daré la dirección y el teléfono en cuanto llegue.

Mille tendresses,
Moi.

viernes, 29 de junio de 2012

Verano

Un año más, la misma playa de siempre.
Vuelta a la paz estival, a la brisa fresca que corre desde el balcón, a las siestas arropadas con la humedad.
Otra vez a tumbarse en la toalla, a acariciar la arena caliente con las yemas de los dedos y enterrar los pies en ella cuando sales con frío del agua.
Otra vez a dejarse llevar por el vaivén de las olas, a escuchar su rumor, a recolectar caracolas.
Un año más con esos paseos en bicicleta al atardecer camino a la biblioteca. A vivir sin un peso en el alma, sin preocupaciones. Un año más a escribirse por cartas, a vivir sin internet, aislada del mundo, a leer millares de libros y ver otras tantas pelis.
Vuelta a comprar en la panadería de la esquina, esa que lleva ahi toda la vida, vuelta a comprar en el kiosko de siempre el periódico dominical. Vuelta a despertarme por las mañanas y desayunar un par de tostadas del mejor pan aderezadas con aceite de oliva virgen.
Verano...

viernes, 4 de mayo de 2012

Best of Doisneau








Le baiser de l'hôtel de ville

Champs de Mars

Musique sous la pluie

Coiffeuses au soleil



Le remolqueur du Champs de Mars

Touristes à Notre-Dame



sábado, 28 de abril de 2012

La tenista

    La miro desde el otro lado de la red, con la pelota amarilla y peludita surcada por una línea blanca en una mano, y la raqueta Babolat en la otra. Su cabello rubio estaba recogido en una coleta, vestía un polo y una falda plisada de una tela ligera, ambas prendas de un color blanco inmaculado. Estaba recién llegada de Londres, pues estaba recibiendo clases de un vetereno jugador que ganó hace unas decadas en Wimbledon, así que estaba bien entrenada. Me lanza una mirada de advertencia, señal de que se dispone a empezar, por lo que me pongo en guardia, abro las piernas y las flexiono, en espera.
    Bota la pelota dos veces, avanza una pierna y por un instante se encoge. La raqueta y la bola se besan por última vez antes del saque, un segundo después su cuerpo está estirado, con el brazo hacia las nubes, lanzando la pelota al aire. Capturo esa fracción del tiempo en mis retinas, con todos los detalles posibles. Parece que está pidiendo, rogando al cielo para que su golpe sea bueno. En efecto lo es, y comienza así el juego.
    Me mantiene en una carrera frenética todo el partido. Tiene un revés excelente, se le nota el nivel y el entrenamiento; y eso, unido a mis constantes distracciones por el vuelo de su falda enseñando sus muslos suaves y delgados, hace que el marcador vaya bastante desequilibrado, inclinándose a su favor. Entre set y set, se aproximaba a su macuto, sacaba una toalla y se secaba el sudor que le perlaba la frente y el cuello delicadamente. Por suerte, la pista estaba vacía y nadie podía contemplar mi aplastante derrota, por 6-1 y 6-2.
    Al finalizar, una expresión de orgullo pasó por su rostro, pero la reprimió al instante y bajó la mirada. Su preparación no solo había sido física, sino que también la habían educado en la humildad y la deportividad. Supe que dentro de poco las gacetas deportivas empezarían a hablar de ella, al principio la mencionarían en alguna columna del final de los periodicos, después ocuparía las portadas de todos ellos. Y entonces se haría famosa y solo la vería en la televisión. Se olvidaría de mí. Quedarían lejos nuestros días de infancia y adolescencia, cuando ibamos juntos a la misma clase de tenis y yo estaba loco por que cada tarde llegase la hora de ir al entrenamiento, para verla. Y aun sigo loco por ella.
    -¡No es justo! Tu eres una profesional - dije para justificar mi derrota, y para apartar ese triste pensamiento de mi cabeza.

lunes, 12 de marzo de 2012

1913

Las ostentosas lámparas de araña iluminaban el enorme salón de la residencia del mariscal. Había asistido solo y sin compañía a aquella soirée ya que no estaba casado, y ello, a mis 22 años era ya preocupante. Mi madre solía repetirme que debía de darme prisa en contraer nupcias y perpetuar nuestro apellido, pero yo no la tomaba muy en serio hasta hace poco. Había estado demasiado enfrascado en mi carrera militar y en ascender deprisa, gracias a lo cual ahora soy el hombre de confianza del mariscal. Él nos había honrado con un suntuoso banquete y ahora nos encontrábamos en su amplio y diáfano salón junto a una orquesta de cámara que tocaba para los asistentes un vals de Strauss.
Noto unos ojos clavados en mi pero no se desde donde me espian, hasta que me giro y descubro una mirada azul fija en mi. Es una muchacha joven la que me observa y se sobresalta al ser descubierta, pero no baja su mirada. Es joven, guapa y está sola: dificil combinación. Antes de que se me adelante algún otro galán decido tomar la iniciativa y acercarme a ella.
-Mademoiselle, permítame la osadía de presentarme: Charles Beauvoir, capitán del quinto escuadron de la armada francesa - cojo su mano y la beso.
-Ya sé quién es usted - me responde -. He oído muchas cosas sobre su persona.
-Vaya, ¿en serio? ¡Espero que hayan sido cosas buenas! -digo sorprendido, pero su mirada fija y su silencio me indican que no han sido elogios precisamente lo que han llegado a sus oídos. Intento cambiar de tema y desviar de mí la conversación -. ¿Y con quien tengo el placer de hablar?
-Cornelie Dubois, hija del mariscal.

-¡Vaya! No sabía que el mariscal tuviese una hija tan hermosa.
Hace caso omiso de mi elogio. Eso, o no me ha oído con el bullicio de la fiesta. Desvía de mi sus zafiros y los dirige hacia las parejas que están bailando en el centro del salón. Me enciendo un cigarrillo mientras la miro. De cerca es más guapa de lo que parece a simple vista. Debe tener músculos en los párpados para poder levantar esas pestañas tan gruesas y largas. Su boca es roja, muy roja, y sus mejillas están salpicadas de pecas pálidas.
- ¿Está disfrutando de la fiesta, capitán? - me pregunta sin quitar la vista de los bailarines.
- Oh, sí, muy amena, mademoiselle.
No estamos demasiado cerca, sin embargo huelo su perfume como si la tuviese encima. Sé que se muere por que la saquen a bailar. Me sorprendo a mí mismo mirandole las manos, las blancas y pequeñas manos, en busca de alguna alianza. De repente me aborda con una pregunta, que me pilla con la guardia baja:
-¿Qué piensa hacer cuando estalle la guerra?
-¿Perdone, mademoiselle?
-La guerra, monsieur, que qué hará cuando comience.
-Nadie estaría en su sano jucio para declarar una guerra a la gran Francia - me mira sabiendo que estoy mintiendo. Ella tambien se ha dado cuenta de la situación. Adopto un tono paternalista para calmarla -. ¿Acaso está preocupada por eso?
-Sí - hace una pausa, no sabiendo si continuar o no, pero decide dejarse llevar -. Mire a toda esta gente despreocupada, ajena a lo que va a pasar. Va a ser muy grave, monsieur, no será como la guerra contra Prusia de 1870.
Estoy desconcertado de oír a una mujer, y más aún tan joven como ella, hablando de política con la certeza y la seguridad con la que hablan los militares experimentados. ¿Será por su padre?
-Bueno, mademoiselle, en ese caso y respondiendo a su pregunta, lucharé al lado de mis compatriotas.
-¿No tiene miedo?
-¿Lo tiene usted?
Ella calla. Sí, lo tiene. Yo también lo tengo. Y como es orgullosa como su padre se niega a reconocerlo.
-Venga, mademoiselle, ¡no ponga esa carita tan triste! ¿Quiere salir a bailar para despejar sus preocupaciones?
Los ojos le brillan de la ilusión, y reprime su alegría en una sonrisa tímida mientras pronuncia un "oui" con esos labios rojos suyos. La tomo de la mano y ya en la pista, nos reenganchamos a las parejas que ya hay bailando. Mi mirada se cruza un instante con la del mariscal, que está bailando con su señora y me mira como diciendo: "qué golfo" y me guiña un ojo. Esas confianzas por parte del mariscal me abruman y le respondo con una inclinación de cabeza. Vuelvo a centrar mi atención en Cornelie. Tiene los ojos llorosos. Yo también. Sabe que moriré.
Sabe que ella también morirá.

martes, 28 de febrero de 2012

Votos de austeridad

La música alta y el ambientador fuerte. Me encuentro en uno de los numerosos territorios pertenecientes al imperio Inditex. Camisas a cuadros, blusas con lunares de colores, camisetas floreadas y accesorios coquetos. Miro la ropa que llevo y me siento cutre. Me gustaría tanto ser uno de los maniqíes de esta tienda... delgada, alta, esbelta y bien vestida. Todo es monísimo, todo en encanta. Pero miro las etiquetas. Soy consciente de que apenas llevo 10€ en el monedero y poco o nada hay en esta tienda que valga eso. Así que una vez más me resisto, dejo las cosas que me gustan a la salida del probador y acompaño a mis amigas a la cola de la caja, viendo cono sus armarios se hinchan cada vez más y más a una velocidad mayor, mientras que el mío se mantiene raquítico. Una vez más, renuevo mis votos de austeridad para con mi iglesia, el ballet.

Sin embargo, ¡qué bonito! Veo a los bailarines y se me llenan los ojos de belleza y lágrimas, mientras me pregunto si puede haber algo más hermoso. Nunca habrá ropa y zapatos suficientes en el mundo entero que se comparen a esa sensación de subirte a unas puntas nuevas y que ya no te hagan daño porque las has domado. Nunca una satisfacción como la de saber que has ejecutado un paso perfecto o de verte progresar y llegar cada día más lejos. Me siento como un torero, orgullosa de mis heridas, y da igual lo que me pase, sea una ampolla, un tirón, una uña asquerosa o agujetas terribles, siempre deseo reincorporarme y volver al ruedo. Siempre mirando al reloj, esperando que llegue la hora de ir y entrar en esa burbuja, en ese mundo paralelo donde no tengo pasado, ni futuro, ni problemas. Solo un presente, que es bailar. Es tanto para mí, que si me lo quitasen moriría. Por dios, ¿hay alquien en este mundo que comprenda hasta qué punto me gusta? ¡Es de locos!

Hoy tengo dos pantalones y 3 jerseys viejos, pero mañana, mañana tendré mi tutú. Y cuando sienta la seda rozando mi piel sabré que todo esto ha merecido la pena.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Nuit de pensées

Los nubarrones eran tan negros y densos que no dejaban pasar ni un rayito de sol a la ciudad. Tal era la oscuridad que a pesar de que estábamos a mediodía cualquiera hubiese dicho que era de noche.
La atmósfera estaba tan cargada de electricidad que parecía que al viento le costaba moverse, arrastrando con parsimonia las hojas marchitas, y que aquellos nubarrones iban a reventar en cualquier momento para empezar a vomitar agua.

domingo, 22 de enero de 2012

Vacía

Salgo de la biblioteca. El viento frío me pilla por sorpresa y rápidamente subo la cremallera de mi abrigo. Una pareja se mira de forma empalagosa. Me pongo los auriculares y enciendo el MP4, pero no llevo 30 segundos de canción cuando ya me he cansado, asi que lo apago. Me apetece más ir escuchando el ruido de la ciudad, los coches, la campana del tranvía, las risas vulgares de las adolescentes cuando les cuentan un cotilleo sabroso. Otra pareja pasa a mi lado caminando de la mano.
El estómago me vuelve a llamar la atención. La última vez que comí fue esta mañana cuando desayuné. No comí, no tenía hambre. Para hacérmelo más dificil, el olor a gofre se mete por mi nariz. Veo mi reflejo en un escaparate, quizá pueda pasar esta noche sin cenar también. Una pareja comparte un crepe entre risitas tontas, me dan asco. Amor y chocolate: horriblemente dulzón.
Otra pareja se despide en la parada del autobús, no se quieren separar. Paso por una tienda de lencería y dentro, otra pareja mira conjuntos de ropa interior y picardías. <<Cariño, ¿cual te gusta más para follarme esta noche?>> Casi que lo podía oir.
Parejas. ¿Por qué ya solo veo parejas? ¿Por qué me repugnan tanto? ¿Por envidia? Puede ser. Porque yo ya solo tengo frío, y hambre. Vacía literal y figuradamente.

viernes, 13 de enero de 2012

Bandera Blanca

¿Dónde estás? ¿Qué es de ti? ¿Qué te ha pasado durante estos meses?
Antes pensaba en ti, y me ponía horriblemente triste. Ha pasado el tiempo y cuando ahora  me acuerdo de ti, de nosotros, solo me viene a la mente lo bueno. Te recuerdo. Y, por qué no decirlo, te echo de menos. Sí, te sigo teniendo mucho cariño, por todo lo que fuimos, por lo que significaste para mí. Gracias, gracias por esos proyectos de futuro que planeábamos y que ahora son fallidos, gracias por aquella vuelta al mundo que ibamos a dar, gracias por las monedas que me traías de cada país que visitabas.
A veces me gustaría mandarlo todo a la mierda y coger el telefono, marcar tu número, llamarte y volverte a contar mis cosas, contarte que me volví a enamorar, que en unos meses subiré a un escenario con un tutú, que me corté el pelo, que intento ponerme a dieta pero mi madre prepara unas magdalenas caseras muy ricas. Y que tu vuelvas a fliparte de que hablas perfectamente inglés. Lo que me detiene a hacerlo es tu reacción, puede que pienses igual que yo, puede que no. Puede que no me hayas perdonado que fuese yo la que empezara a pasar de ti, la que empezó este silencio. Por eso.
No se si todavía seguirás visitando este blog, no se si llegarás algun dia a leer esto. Por si acaso lo haces: te quiero mucho. Yo por mi parte he firmado el armisticio.

sábado, 7 de enero de 2012

Las desventuras del joven Werther

19 de julio de 1771
<<¡La veré!>>, exclamo con júbilo por la mañana cuando, al despertarme lleno de alegría, dirijo mis miradas hacia el naciente sol; ¡la veré!, y no tengo otro deseo en todo el día. Lo demás desaparece ante esta esperanza.

26 de julio de 1771
Más de una vez me he propuesto no verla tan a menudo, pero ¿quién podría cumplirlo? Todos los días me vence la tentación, y todos también me digo a mí mismo solemnemente: <<Mañana no iré>>; pero, cuando mañana se vuelve hoy, hallo un nuevo y poderoso motivo que me conduce a su casa antes de haberme dado cuenta de ello. Ya porque me ha preguntado por la noche si nos veremos al día siguiente, y sería una grosería no ir; ya porque me ha hecho algún encargo y quiero yo mismo decirle el resultado; ya porque, estando la mañana deliciosa, me voy al pueblecito de Wahlheim, desde donde solo falta media legua para llegar a su casa, y su atmósfera me atrae... ¡zas!, ¡ya estoy allí!

J. W. Goethe