Gracias por poner el rock, por las fotos de carrete, por agarrar mi mano mientras lloraba. Y gracias por prestarme tu chaqueta en las noches frías.
A veces te miraba a los ojos sabiendo que te haría daño. Sintiéndome como el torero que escruta al toro antes de darle la estocada. Como una asesina a la que solo le faltaba decidir el cuándo.
Ahora me queda la melancolía de una ciudad maldita. El fantasma de tu recuerdo asociado a algunas cosas, a pequeñas cosas, que aparecen de imprevisto.
Perdona, llevaba heridas viejas sin curar, y te salpiqué de sangre.
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| Ilustración: Yuri Shwedoff |

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