Me lamento de por qué te fuiste tan pronto, por qué no te quedaste unas semanas más, así habríamos tenido más tiempo.
Pero luego pienso: no, calla, fue perfecto así, tal y como sucedió.
Desde el primer momento en que nos vimos en aquel bar sentí como si te conociera de siempre. Una conexión instantánea, una atracción irremediable.
Te enseñé París, mi París.
Sin darme cuenta nos convertimos en una de esas parejas que yo odiaba, una de esas que se besan lentamente en la calle.
Y luego en tu casa...
Hacías que me sobrara todo.
![]() |
| ilustración de Sara Herranz |
Nos mirábamos a los ojos y era demasiado intenso.
Sentía tus manos calientes por mi espalda y era demasiado intenso.
Mi cinturón que se desabrochaba.
Mi sujetador que se desabrochaba.
Tu boca, por todo mi cuerpo.
Y aquello resultó ser la cura inesperada de viejas heridas.
Eras un hombre bueno, tan bueno...
Ahora me quedo con tu recuerdo, con el beso en la terraza de Printemps, con ese "te quiero" velado en la despedida.
Quizás nunca nos volvamos a ver, pero no estoy triste, solo agradecida de que te cruzaras en mi camino, feliz simplemente porque sucedió.
Gracias por haberme dejado entrar en tu vida y debajo de tu ropa.
Solo pido que de vez en cuando, allí en tu maravillosa ciudad, en tu mágica tierra, pienses en aquella chica de Murcia.
Y sonrías.


No hay comentarios:
Publicar un comentario