domingo, 19 de enero de 2020

Recuérdalo

Durante mi año en París me acostumbré a ver el cielo encapotado. No me malinterpretéis, me encantan los días nublados, con su luz suave sin sombras marcadas y ese aire a melancolía. No echaba de menos el "buen tiempo".
Sin embargo, cada vez que cogía un vuelo me sorprendía encontrarme con el sol una vez que sobrepasábamos las nubes. Me chocaba mucho asimilar que en realidad todos los días son soleados, que el sol siempre había estado ahí pero yo no había podido verlo.
Todos los días son soleados, las nubes son circunstanciales.

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