Si las estrellas pudieran hablar de todo lo que han visto a lo largo de los siglos, contarían historias de amores prohibidos, de traiciones, de valentía, de noches en vela, historias de guerra, de encuentros, de alegrías y cantos, de borracheras, de sangre y asesinatos, de clandestinidad, de supervivencia, de pasión y placer, de despedidas. Historias de nacimientos, e historias de muertes. Contarían lo que oyeron, tanto los pianos y las arpas acariciadas por jóvenes y blancas manos, como el imponente órgano de las misas de madrugada o el grito de la parturienta. Hablarían las estrellas de los olores, de los perfumes en los aristocráticos cuellos, de los hedores de los suburbios, de las fragancias de las flores yacientes sobre las tumbas. Porque la noche encierra tantas cosas; y todas las han visto las estrellas. Si las estrellas hablasen, eso contarían, pues el ser humano ha cambiado su vestimenta, ha mejorado sus herramientas, ha ampliado su conocimiento, pero es en esencia el mismo. Siempre erraremos en el mismo punto, siempre haremos locuras por amor, siempre seremos tan necios de hacer guerras, siempre nos deleitaremos con los mismos placeres, siempre ignoraremos lo que hay más allá de la muerte, siempre avanzaremos, pero nunca sabremos a dónde.
Si las estrellas hablasen...
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