Me voy.
Por fin. A París. Sí, el momento que he estado esperando ya ha llegado. Todo
llega, ¿no? Lo he deseado tanto, tanto tiempo, que ahora que lo tengo aquí ya
no lo creo. No creo que vaya a ser verdad, me da como una sensación de vértigo en el estomago, como los segundos antes de caer en una montaña rusa. Miro
mi billete de ida, solo de ida, y temo que sea un espejismo. Por fin voy a ser
una parisina. Pero, ¿qué digo? Siempre lo he sido, en mi corazón sí. Todo este
tiempo realmente me he sentido desterrada de mi verdadero lugar.
Os
echaré a todos de menos, es la parte mas dura de mi ida. Amo a mis amigos, a mi
familia y a mi país, pero he de cumplir con mi destino. He de volver y
recuperar ese trozo de mí que se quedó allí cuando fui, con 9 años. Sí, lo sé,
fue un amor precoz y a primera vista. Hemingway escribió una vez: “Si vas a
París de joven, París te acompañará el resto de tu vida”. Es cierto.

He
releído esta carta y me he emocionado a mi misma. Quizás parezca un poco moñas,
un tanto barroca o recargada, pero es así como me siento cuando pienso en ello,
un torrente de joie, bonheur y amour que no puedo controlar. Cuando penséis en
mi, imaginadme paseando por las calles envuelta en un abrigo largo, con el
sonido del acordeón de fondo y conversando de la mano con un francés guapo; o
entrando a la panadería y pidiendo una baguette; o abriendo mis ventanas una
fría mañana y admirando las vistas de la ciudad.
He de
terminar esta carta. Os escribiré, las puertas de mi casa estarán abiertas para
todo el que venga a visitarme. Os daré la dirección y el teléfono en cuanto
llegue.
Mille
tendresses,
Moi.
Que cosas!!...Estoy disponible para ayudarte a pintar y decorar tu apartamento en Le Marais, y además deleitarte con mi presencia durante tres magníficos meses, podremos ir a la opera y el ballet, y dar paseos hacia ningún sitio y llorar, llorar todo lo que queramos viendo las preciosas puestas de sol a orillas del Sena mientras tomamos una copa de vino.
ResponderEliminarBesos y abrazos:
I.