Jérémy nunca se había alegrado tanto de volver a casa. Aquel invierno de 1943 estaba siendo el más frío que se recordaba en años. Subió las escaleras de dos en dos para entrar en calor. Cuarto piso. El sonido de la llave abriendo la cerradura de su apartamento le pareció más hermoso que nunca. Se quitó el sombrero y la gabardina, y los colgó del perchero con un gesto cansado. Se había hecho bastante tarde en la reunión de hoy, en el último momento se había tenido que cambiar el punto de encuentro con el contacto al que le pasaba la información, porque al parecer los nazis estaban enterados del rendez-vous y les iban a tender una trampa. Condenados nazis, pensó Jérémy con una sonrisilla burlona mientras se quitaba los guantes y la bufanda, aun con la respiración agitada de subir escaleras.
El sonido de un vaso de cristal posándose en la mesa le heló la sangre. Se giró lentamente y confirmó su peor sospecha. Ahí estaba ella, bebiéndose un whisky y fumando, esperándole, reclinada hacia atrás en la silla.
Estaba jodido, ella lo sabía todo.
- Magda escucha...
- Te pensaste que era tonta, ¿verdad? Que era la víctima perfecta: una débil e inocente mujer, colaboradora de confianza del régimen de Vichy.
Jérémy estaba paralizado por el factor sorpresa, no sabía qué decir ni cómo reaccionar. De todas maneras ya daba igual, hiciese lo que hiciese, estaba muerto. Magda dio una calada y retomó su discurso.
- Pensaste que podrías seducirme para obtener información, un asunto fácil... Me subestimaste. En realidad tardé muy poco en darme cuenta de tus intenciones, pero todo este tiempo he estado jugando a tu juego sin decir nada, dándote señales erróneas, para que enviaras información equivocada y tú y tu panda de maquis os dedicarais a perder el tiempo.
A Jérémy le venían sudores fríos. Ahora entendía todo, las misiones fallidas, la filtración de datos constante, y se dio cuenta de todas las personas a las que había puesto en peligro. Magda no pudo contener la risa al ver la cara de espanto de Jérémy. Luego dio un trago a su vaso de whisky, con un golpe seco lo dejó sobre la mesa, se inclinó hacia delante y añadió:
- Como espía no has sido muy bueno, ¿pero sabes qué? Como amante te has lucido, la verdad. Al menos lo hemos pasado muy bien... - sonrió.
Se mantuvieron la mirada unos segundos, después Jérémy salió como una bala del apartamento. Mientras huía bajando las escaleras de dos en dos, Magda marcó con toda la tranquilidad del mundo un número en el teléfono que había en la mesa.
- Está bajando.
