Un año más, la misma playa de siempre.
Vuelta a la paz estival, a la brisa fresca que corre desde el balcón, a las siestas arropadas con la humedad.
Otra vez a tumbarse en la toalla, a acariciar la arena caliente con las yemas de los dedos y enterrar los pies en ella cuando sales con frío del agua.
Otra vez a dejarse llevar por el vaivén de las olas, a escuchar su rumor, a recolectar caracolas.
Un año más con esos paseos en bicicleta al atardecer camino a la biblioteca. A vivir sin un peso en el alma, sin preocupaciones. Un año más a escribirse por cartas, a vivir sin internet, aislada del mundo, a leer millares de libros y ver otras tantas pelis.
Vuelta a comprar en la panadería de la esquina, esa que lleva ahi toda la vida, vuelta a comprar en el kiosko de siempre el periódico dominical. Vuelta a despertarme por las mañanas y desayunar un par de tostadas del mejor pan aderezadas con aceite de oliva virgen.
Verano...